jueves, 8 de diciembre de 2011

LOS SUEÑOS DE UN CABALLERO CON ARMADURA


            El Quijote de la armadura oxidada es hoy por hoy una de las más bellas obras de la literatura española escrita en el siglo pasado. En esta, Cervantes relata la historia de un hombre que por tanto darse a la lectura de caballerías; se le ha secado el cerebro, cayendo en una de las locuras más extravagantes y originales de los últimos tiempos, misma que por su particular gusto le asegura primero la encarnación del personaje a la vida real, a través de las múltiples dramatizaciones compuestas en su nombre en el mundo entero, y segundo, la inmortalidad que le perpetua más allá de la existencia real venciendo el paso de las generaciones.

            Bienvenidos asistentes y seguidores del café literario, hoy jueves nos disponemos a encontrarnos con el hombre que desde la demencia proporciona una filosofía enriquecedora sobre la manera de concebir la vida. Más allá de la paranoia Alonso Quijano es el ser escondido en el corazón y mente de todo hombre y mujer que desea salir de lo ordinario y ser alguien extraordinario, y solo se consigue, a decir de Ortega y Gasset “salvaguardando las circunstancias que salvaran nuestra existencia”. Por ello, debemos sumergirnos en las aguas profundas de la literatura y rescatar la enseñanza más fecunda que haga prosperar a la razón y la voluntad. Así, en la parte introductoria Miguel de Unamuno enfatiza: “Mi fe en Don Quijote me hace ver el valor íntimo de su sentimiento transformado en enseñanza” y es que comenta el padre Matías Reyes, la obra se independiza y cobra fuerza con alas propias para volar después de haber sido concluida por su creador.

            Como cada noche de jueves, un sentimiento se manifiesta en nuestro interior y la sala de la biblioteca de nuestro seminario parece habitarse con los fantasmas que arrancados de las obras literarias susurran a nuestro oído el porqué de su realización. Estamos leyendo para tratar de descifrar entre líneas las características personales de cada personaje, así Leemos lo propio de Quijano, y en plenario lo concebimos alto, de mirada suave pero enérgica, un poco encorvado, torpe al andar pero seguro en su actuar, con ojos negros y profundos como la noche, de voz aguda y semblante pálido, ansioso por comprar libros de caballería de Feliciano de Silva y casi nos parece vislumbrarlo inquieto en esos cuatro días de deliberación, cuando escogió el nombre de su caballo “Rocinante”.

            ¿Qué podemos rescatar de Don Quijote? Dice Joaquín: lo rico de la imaginación es que tenemos el poder de crearnos lo que sea. Clemente subraya: cuando poseemos una convicción fuerte podemos llegar a realizarla, aunque las circunstancias nos griten lo contrario. Y es que, a través del sueño, el hombre se permite volar y rebasar sus propias fronteras, concibiéndose más allá de sus paradigmas, enarbolando la bandera de la victoria sobre el enemigo o acontecimiento que en la realidad nos rebasa. Por esto el presbítero invita a los seminaristas a no dejar de soñar, porque el que deja de soñar deja de anhelar y cuando eso sucede se empieza a morir en vida. Finalizo esta relatoría bebiendo una buena taza de café preparado por los “hermanos de la caridad” y a mi mente acude el final de la poesía “Sueños” del maestro Calderón de la Barca que cito a continuación:
¿Qué es la vida? Un frenesí
¿Qué es la vida? Una ficción, una sombra, una ilusión
Que toda la vida es sueño… y los sueños, sueños son.

No hay comentarios:

Publicar un comentario