jueves, 8 de diciembre de 2011

EL AMOR Y EL QUIJOTE



Es noche de jueves, faltando un cuarto para las diez, y mermados algunos debido al sueño y actividades varias; sigue vivo el café, y éste, mantiene vivo en nosotros el descubrimiento de la literatura. Parecía que el número de los participantes tendría un déficit,  no lo fue tanto esta noche, al inicio de la reunión se experimentaba una atmósfera de que quizás no  valdría la pena haberse quedado, pero ¿qué es lo que nos hizo quedarnos? ¿qué nos hizo despertar?, en realidad tuvo que haber sido algo que devolviera la vida a nuestros párpados y de vez en cuando arrancara de más de alguno un suspiro, eso que nos remonta a nuestra memoria, se llama amor. Y antes de iniciar la lectura del Quijote, el p. Matías nos hizo esta pregunta: ¿qué piensan del amor? A lo cual y desde su experiencia  Vianney respondió que: el amor es un paso a la antesala de la muerte, como el de Cristo: un amor para la salvación. Agregó también que: cuando realmente lo hay, das la vida por determinada persona, es decir realmente lo das, te des-gastas por el otro. Intervino entonces el p. Matías: “No es válido para un caballero andante vivir sin un amor”, aludiendo al Quijote, por eso no concebimos al Quijote, sin Dulcinea; a Romeo sin Julieta; y también en la amistad  entre los santos como Clara y Francisco;  aún en nuestra misma casa, no concebimos a ciertos hnos. sin sus respectivos amigos. Pero qué es el amor, que como una moneda, en una cara es alegría y gozo y por la otra, la otra cara, la obligada, la que no quisiéramos ver y pasar, es la del dolor, la parte trágica, la misma muerte, un verdadero amor o tiene estas dos dimensiones o no es amor, es todo lo que queramos, menos amor. Un sentimiento, un estado, una actitud…no lo sé cualquier categoría para el amor es poco o nada. Por él se han escrito las mayores tragedias, él impulsa al hombre a llevar al límite sus cualidades, lo ubica al filo entre la vida y la muerte, al punto de la locura y de lo incomprensible para quien nunca ha amado- dice el p. Matías trayendo a colación lo que Santa Teresa afirmaba: muero porque no muero. Finalmente el Amor que paradójicamente nos lleva a la muerte, a la vez, por esta misma  nos hace inmortales. ¿Cómo es esto?,  Heidegger dice que: el hombre es un ser para la muerte, por la misma línea Unamuno titula una de sus obras: Del sentimiento trágico de la vida. Nosotros tenemos la fortuna de tener la fe y  esperamos en las promesas de Aquél que nos ha llamado a estar con Él y por lo mismo sabemos que con la muerte el hombre no termina ahí. Ante esta sed hiriente de inmortalizarnos, el Quijote nos invita a redoblar esfuerzos; algo curioso, él lo hacía por su Dulcinea, alguien ideal, real para él, pero al final de cuentas ideal,  a ella le dedica sus combates, el amor a ella le hace meterse en líos que Sancho  no entiende, es el amor lo que hace a Alonso emprender esta odisea de la locura.
 Ojalá  nos esforzáramos  por inmortalizarnos, ojalá también tengamos grandes ideales, que nos empujen, que nos estimulen a llevar al límite nuestras cualidades.

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